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La fórmula constitucional para pacificar al pueblo chileno

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Las similitudes con Colombia no solo se dan en la forma democrática como se decidirá la nueva Constitución, en términos económicos Chile tiene un modelo similar. Para Gabriel Jiménez , docente de ciencias políticas y relaciones internacionales de la Universidad Javeriana, “se trata de economías con modelos orientados a las exportaciones, en especial minero energéticas. Chile con el cobre y Colombia con el petróleo. Tienen una banca fuerte, gremios fuertes, pero poco incluyentes con la pequeña empresa, y élites económicas posicionadas”

El acuerdo por la paz y la nueva Constitución, como fue denominado, es la fórmula que encontraron por consenso en Chile para tratar de llevar la tranquilidad a las calles, en donde, desde hace 28 días, los ciudadanos protestan porque, a su juicio, el crecimiento económico sostenido no se ha irrigado a toda la sociedad y, por el contrario, las brechas de inequidad son cada vez más grandes.

Así lo plantea las cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), según las cuales, “el gasto promedio de los hogares en las capitales es de $1.121.925, mientras que el ingreso es de $573.964. Además, solo 42,5 % de los chilenos tienen casa propia. El 25,1% viven en arriendo, el 18% están pagando su vivienda y el 14% viven bajo otro tipo de modelo.

El analista político de la Universidad de Valparaíso, Guillermo Holzmann, ratifica que la inequidad en Chile, uno de los países de mayor crecimiento en la región, es el argumento: “El hecho que está detrás es que el modelo económico neoliberal no había tenido modificación y heredo una mayor desigualdad, que se hizo evidente con la desaceleración en el Gobierno Piñera. Esto impactó a la gente y se convirtió en una tormenta perfecta con demandas ciudadanas”.

El acuerdo que fue suscrito entre el gobierno de Sebastián Piñera y todas las fuerzas políticas, con excepción del Partido Comunista, contempla que los ciudadanos decidan si debe haber una nueva Constitución, que reemplace la de 1980, redactada durante la dictadura Augusto Pinochet, en la cual no tuvo participación la ciudadanía.

Decisión democrática Para Fernando Franco , abogado en experto en estudios jurídicos de la Universidad Andrés Bello, la decisión es “positiva, se trata de un acuerdo republicano y cívico, que une a las personas en la creación de una institucionalidad porque la Constitución vigente fue creada en un ambiente no inclusivo, entre personas que fueron designadas por el gobierno militar de la época”.

Se trata de una fórmula similar a la que uso Colombia en 1990, cuando se tomó la decisión de redactar una nueva Carta Política, fruto de la presión ciudadana manifestada en la Séptima Papeleta, que no tenía carácter vinculante, pero que apresuró la decisión del presidente César Gaviria de convocar la Asamblea Constituyente de 1991.

En este caso Chile también apela a los ciudadanos, pero la herramienta será un plebiscito en el que el pueblo decidirá, como lo señaló el presidente del Senado, Jaime Quintana, “si quieren una nueva Constitución, y sobre qué tipo de órgano debería redactarla, una convención mixta constitucional, compuesta en un 50% por parlamentarios y otro 50% por ciudadanos electos para la ocasión; o una convención constitucional, en la que todos sus integrantes serán electos para este efecto”.

Una decisión sin antecedentes en Chile, pues será la primera vez que el país apelará a los ciudadanos para que decidan. Las anteriores constituciones (1833, 1925 y 1980) estuvieron precedidas por una guerra civil, ruido de sables y un golpe de Estado.

Riesgo No todo es color de rosa, Franco asegura que “el estallido social fue acéfalo. No existe una institución a la que se le pueda atribuir un pliego de causales de las movilizaciones sociales, no existe una lectura clara y racional”. Este factor plantea que, por ahora, aunque hay una decisión, se mantiene la incertidumbre. No se sabe quién compondrá la asamblea que redacte la Constitución y si representará los reclamos sociales.

Pero no deja de ser sorpresivo que la presión ciudadana derivara en esta decisión. Así lo señala Holzmann, quien afirma que “no se esperaba que cediera. El gobierno había hecho la propuesta de un Congreso Constituyente, redactada por los senadores. Pero el presidente Piñera vio el espiral de violencia asociado a las protestas y no tuvo opción que avalar esta salida”.

Las similitudes con Colombia no solo se dan en la forma democrática como se decidirá la nueva Constitución, en términos económicos Chile tiene un modelo similar. Para Gabriel Jiménez , docente de ciencias políticas y relaciones internacionales de la Universidad Javeriana, “se trata de economías con modelos orientados a las exportaciones, en especial minero energéticas. Chile con el cobre y Colombia con el petróleo. Tienen una banca fuerte, gremios fuertes, pero poco incluyentes con la pequeña empresa, y élites económicas posicionadas”.

Una nueva Constitución es la fórmula de pacificación que escogió Chile después de 28 días de protestas en las que, de acuerdo con las cifras oficiales, van 22 muertos, 1.797 lesionados de las Fuerzas Militares y carabineros, y 16.290 detenidos, de los que 834 se encuentran en prisión preventiva. El costo económico de los destrozos llegaría a 4.500 millones de dólares según el Ministerio de Hacienda. La calma de a poco empieza volver a las calles y será el tiempo el que diga si la esta decisión fue acertada.